La primera infancia, postegrada: a 30 años de la Convención de los Derechos de la Niñez

Este año se cumplen tres décadas de vigencia del acuerdo internacional más ratificado de la historia. A pesar de ser aprobado por 195 países, incluido Argentina, todavía existen muchas deudas con los chicos.

La Convención sobre los Derechos del Niño fue aprobada el 20 de noviembre de 1989. Desde entonces, en esa fecha se recuerda el Día Universal del Niño. Desde que fue presentado en el ámbito de Naciones Unidas, fue aceptada por todos los países del mundo, excepto Estados Unidos.

Los 54 artículos que la componen recogen los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos los niños. Su aplicación es obligación de los gobiernos, pero también define las obligaciones y responsabilidades de otros agentes como los padres, profesores, profesionales de la salud, investigadores y los propios niños y niñas.

Sus cuatro principios fundamentales son: la no discriminación; el interés superior del niño; el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo; y la participación infantil.

En síntesis, se trata de un acuerdo internacional que explica quiénes son los niños y cuáles sus derechos, así como las responsabilidades de los gobiernos -aunque también de otros agentes como madres, padres, profesores, profesionales de la salud, investigadores y los propios niños y niñas- para garantizar la protección y la ejecución de tales derechos. Vinculados entre ellos e igual de importantes, todos ellos son derechos que no pueden negarse a los niños.

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En Fundamind buscamos satisfacer la mayor cantidad de derechos posibles de la primera infancia, sobre todo aquella que se encuentra en situación de vulnerabilidad social.

La primera infancia es una etapa clave de la vida. Se considerada que abarca desde los 45 días a los 4 años. En ese período es vital garantizar la nutrición, el cuidado de la salud, la estimulación temprana y la psicomotricidad, además del contacto con sus pares.

Sin embargo, no todos tienen asegurados estos derechos. Millones de niños en el mundo están privados de educación, de salud o de alimentos.

En nuestro país, la pobreza afecta a casi la mitad de la población infantil, según Unicef. El 46,8 por ciento de los chicos de menos de 14 años vive en situación de pobreza. Dentro de ese universo el 10 por ciento vive en la indigencia.

De acuerdo con el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, el riesgo alimentario en la infancia se incrementó un 35 por ciento en el último período interanual. En total, son 1.6 millones de niños y adolescentes quienes se ven privados de al menos una comida diaria.

Entretanto, en más de 2 millones de hogares es percibido un total de casi 4 millones de asignaciones universales por hijo (AUH), cuyo monto se ubica por debajo de los 3 mil pesos. La canasta básica de pobreza para una familia tipo es casi diez veces más. La canasta básica alimentaria cuadruplica ese monto.

Son datos previos a la nueva escalada de precios de las últimas horas. Con cada aumento de la canasta básica, es más difícil para muchas familias acceder a los alimentos para los más chicos.

“En momentos de crisis necesitamos proteger entre todos a los más vulnerables, entre ellos los que están atravesando la primera infancia en condiciones de pobreza e indigencia”, señala Gerardo Mitre, presidente de FUNDAMIND.

“Atender a la infancia es una urgencia. La desnutrición y malnutrición en los primeros año dejan secuelas irreversibles”, concluye.

Las organizaciones de la sociedad civil dan respuesta a las necesidades más urgentes en barrios, pueblos y ciudades de todo el país.


Tal como hace FUNDAMIND desde hace tres décadas en el barrio porteño de Balvanera, muchas gestionan centros de primera infancia (CPI) con respaldo estatal para brindar alimentos, educación y salud a los chicos y sus familias. Hay 76 en CABA y más de 1600 a nivel nacional, que ayudan a cubrir vacantes en el nivel inicial y complementan con su acción las políticas públicas para este sector de la población.

Otros temas clave para el buen desarrollo de la primera infancia son abordados en estos centros. En FUNDAMIND hay profesionales que atienden a madres jóvenes, por ejemplo, y realizan talleres sobre salud sexual y reproductiva. En Argentina el 16% de los nacimientos proviene de madres de entre 15 y 19 años, aunque en algunas provincias ese porcentaje asciende al 25. Dos de cada tres de esas chicas no planearon su embarazo y la mayoría no usaba métodos anticonceptivos.

La lactancia materna también es una prioridad en la agenda con las madres. Tal como salió a la luz a comienzos de este mes, al celebrarse la Semana de la Lactancia Materna, a niveles casi universales podría salvar más de 800 mil vidas al año, la mayoría de ellas de menores de 6 meses.

Muchas de las familias que llegan a esta fundación provienen de otras provincias y países limítrofes. Por eso en todas las acciones se toma en cuenta la trayectoria migrante y el desarraigo de quienes buscan asistencia.

FUNDAMIND -ubicado en uno de los barrios con mayor población extranjera dentro de la Capital Federal- dio a conocer el caso de un niño de dos años que concurre al CPI y llegó en mayo de Venezuela, junto con su madre. “El padre de él compró pasajes para que vinieran a Buenos Aires, dado que allá no tiene como mantenerlos. Acá apenas logran subsistir. Comparten una casa con compatriotas, donde en la habitación apenas entran dos camas y no hay lugar para una cuna.”

Respecto a este aspecto, el diagnóstico general también es preocupante. A nivel mundial, 50 millones de chicos viven lejos de su lugar de origen. Más de la mitad debieron escapar de situaciones de conflicto. Entre 2005 y 2015, el número de niños refugiados se duplicó, mientras que el de niños migrantes aumentó un 21 por ciento.

En algunos casos, el desplazamiento forzado está vinculado a uno de los delitos más aberrantes que sufren los chicos: la trata para fines de esclavitud o explotación sexual. En efecto, aproximadamente un 30 por ciento de las víctimas de la trata son menores de edad, según organismos internacionales.

FUNDAMIND realiza acciones para combatir este flagelo así también como realiza talleres y actividades para prevenir el abuso sexual. Si bien el 53 % de los casos ocurren en el hogar y el agresor casi siempre es un familiar, las instituciones deben hacerse cargo de trabajar sobre el cuidado de los chicos, tanto con adultos responsables como con los propios niños, poniendo en práctica la educación sexual desde temprana edad.

Para ampliar la visualización de esta problemática, la fundación emitió un informe en el que alertó sobre el ciberacoso y el grooming, sobre la base de que el 70% de los niños de 5 años utiliza el teléfono de sus padres para jugar o escuchar música.

No Más Chicos con Sida: el desafío de eliminar la transmisión vertical

Uno de los objetivos centrales de FUNDAMIND es prevenir el VIH en la primera infancia. Por eso ofrece test gratuitos, rápidos y confidenciales y realiza acciones de concientización en la comunidad, con el apoyo de empresas, artistas y personas voluntarias.
La campaña No Más Chicos con Sida se desarrolló a bordo de un móvil de prevención que recorrió más de 120 mil kilómetros e impactó en más de 100 mil adolescentes y jóvenes de todo el país.
En todo el mundo hay alrededor de 37 millones de personas que viven con el virus pero un cuarto de ellas (9,4 millones) no lo sabe.
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