Nutrir para crecer

Malnutrición, desnutrición y sobrepeso afectan el crecimiento de los niños y niñas y generan altos costos sociales a largo plazo. Qué conductas familiares ayudan a mejorar la alimentación en el hogar y cómo asisten las organizaciones de la sociedad civil a la infancia más vulnerable.

unnamedCasi la mitad de las muertes de niños menores de 5 años puede atribuirse a la malnutrición, lo cual se traduce en la pérdida innecesaria de unos 3 millones de vidas jóvenes al año, según Unicef. La oficina de Naciones Unidas para la Infancia alerta que sólo una fracción de estos niños muere en circunstancias catastróficas tales como una hambruna o una guerra. 

En la mayoría de los casos, la malnutrición estanca el crecimiento de los niños, les priva de vitaminas y minerales esenciales y los hace más susceptibles a las enfermedades. Además, los conduce al retraso en el crecimiento, lo que impide que el cerebro y el cuerpo de los niños alcancen su máximo potencial. Ese daño es irreversible y tiene consecuencias trascendentales, como una merma en el aprendizaje y el rendimiento escolar.

Se trata de algo más que falta de alimentos. Una insuficiente cantidad de proteínas, energía y micronutrientes, infecciones o enfermedades frecuentes, prácticas deficientes de atención y alimentación y servicios inadecuados de salud y agua y saneamiento se combinan para poner bajo amenaza al presente y al futuro de los chicos. A eso se suma que casi un 12% de las muertes de menores de 5 años está provocada por la falta o ineficiencia de lactancia materna.

Según datos de la última Encuesta sobre la Deuda Social Argentina (EDSA-UCA), más del 10 por ciento de los chicos y chicas de 2 a 5 años no consume carne con la regularidad adecuada, es decir, tres veces por semana. El problema se acentúa con las verduras (52 por ciento) y frutas (46 por ciento). Otra cifra alarmante es que alrededor de 500 mil no suelen desayunar todos los días, aunque esa es la comida más importante del día. 

La otra cara de la misma moneda la conforman el sobrepeso y la obesidad, también asociados a la mala alimentación. De hecho, muchas veces  la malnutrición y la sobrenutrición coexisten dentro del mismo país, comunidad e incluso en el mismo individuo. Los niños con retraso en el crecimiento, por ejemplo, corren un mayor riesgo de padecer sobrepeso cuando son adultos.

Ocurre que las consecuencias no solamente se ven en la actualidad sino que repercutirán en el largo plazo. Así lo demostró un estudio presentado por el Centro de Estudios de Nutrición Infantil (Cesni), según el cual el costo de la desnutrición en nuestro país será de 2338 millones de dólares durante la vida de la generación cuyos primeros años fueron analizados en 2010.  

De este modo, la falta de políticas públicas para avanzar en la reducción en las prevalencias de desnutrición, en la ingesta insuficiente de micronutrientes y en el mejoramiento de los indicadores de lactancia materna dejará ver sus efectos cuando esos niños de entre 0 y 59 meses ingresen al mercado laboral.

Experiencia de la Sociedad Civil

“La alimentación tiene en FUNDAMIND una preparación acorde las necesidades energéticas de los niños y un menú diseñado para cubrir proteínas, vitaminas y minerales indispensables para su crecimiento y desarrollo. Las cocineras se dedican a la preparación de la comida con sabiduría y amor, y las docentes complementan el trabajo de las cocineras durante el desayuno, almuerzo y merienda estimulando a los pequeños para que ingieran todo lo que se le ofrece, porque tienen en cuenta que los platos han sido preparados en función de una nutrición óptima, señala la Lic. Marisa Mujica, Coordinadora de Programas Comunitarios de la entidad.”

Por su parte, Mariana Vagoni –cocinera profesional y voluntaria-, afirma que “los menús son equilibrados variados y con todos los nutrientes que deben ingerir. Cuidamos la ingesta de azúcar refinada como así también la cantidad de sal¨. Ella reconoce que ¨a veces en los hogares se dificulta que las comidas sean variadas, debido a la realidad económica de las familias. Por eso invitamos a los adultos a probar con algunas recetas de bajo costo y con valores nutricionales muy efectivos. Como ejemplo, se puede hacer un guiso de lentejas rico en hierro, agregando papas y quizás una porción pequeña de algún corte de carne económico ya que es de cocción prolongada. Otra buena manera para que los niños coman verduras verdes es hacer buñuelos, pizza de verduras verdes (dentro de la masa), croquetas de arroz con verduras o hígado en trocitos con algún puré dulce, como zapallo; o pastel de papa donde se podría mezclar la carne picada con verduras cocidas dando la posibilidad de mayor saciedad y completa nutrición¨. 

Otra de las dificultades señaladas a la hora de comer, por Marisa Mujica es que “algunos niños se resisten a comer y cierran la boca o hacen arcadas pero eso no siempre significa rechazo a la comida por colores o sabores,  sino una manera de expresar  dificultades emocionales”. En esos casos, se registran las situaciones y se solicita colaboración a los padres. “Algunos vienen a la hora del almuerzo, acompañan a sus hijos y les explican la importancia de comer tal o cual comida.”


RECOMENDACIONES

1. Comer en familia, al menos una vez al día, aprovechando ese momento para afianzar el vínculo y dialogar. Evitar distracciones (como televisión, computadora, tablet, teléfono celular, etc.) y discusiones o peleas durante las comidas.
2. Realizar las cuatro comidas diarias incluyendo alimentos de los distintos grupos.
3. Establecer un horario fijo para las comidas.
4. Promover la participación de los niños y niñas en la decisión, preparación y elaboración de las comidas diarias (por ejemplo, elegir junto a ellos lo que se cocina, pedirles que ayuden en la preparación y elaboración de las comidas).
5. Evitar “recompensas”, “premios”, o “castigos” para lograr que consuman determinados alimentos o terminen el plato.
6. Promover la realización diaria del desayuno, sin excepción.
7. Fomentar el consumo de frutas y verduras. de cereales integrales, legumbres, semillas y frutas secas.
8. Fomentar el consumo de agua.

Fuente: Barómetro de la Deuda Social de la Infancia (UCA)


En números

  • 1 de cada 8 personas en el mundo sufre hambre crónica. 
  • Son unas 850 millones, que habitualmente no comen lo suficiente para llevar una vida activa. 
  • La desnutrición crónica afecta a 165 millones de niños en todo el mundo.
  • Anualmente se producen 4000 millones de toneladas de alimentos en el mundo.
  • Sólo el 50 por ciento llega a consumirse. 
  • Cada año se tiran a la basura en el mundo al menos 2000 millones de toneladas de comida en buen estado.

El 16 de octubre fue proclamado Día Mundial de la Alimentación, en 1979, por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), para crear conciencia sobre el problema alimentario en todo el mundo y fortalecer estrategias de solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza.

El derecho a la alimentación es reconocido en diversos instrumentos internacionales, entre ellos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 25): “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, al igual que a su familia, la salud y el bienestar, en especial la alimentación”.

 

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