25N: la violencia de género también vulnera a niñas, niños y adolescentes

Cada 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, FUNDAMIND reitera con urgencia su llamado a visibilizar no solo a las mujeres adultas víctimas de la violencia machista, sino también a las niñas, niños y adolescentes que viven las consecuencias directas —y muchas veces silenciadas— de esa violencia.
En el contexto de este día, es especialmente relevante recordar que semanas atrás, el 19 de noviembre, fue el Día Mundial para la Prevención del Abuso contra Niños, Niñas y Adolescentes, y al día siguiente, el 20 de noviembre, se conmemoró el Día Universal del Niño y la Niña. Estas efemérides entrelazan una misma exigencia: la defensa integral de los derechos de la infancia y adolescencia, que se ve seriamente amenazada cuando la violencia de género se instala en los hogares, en el entorno digital y en las instituciones.
Según datos de UNICEF Argentina, la violencia contra niñas, niños y adolescentes no es un fenómeno marginal: en su serie sobre “Violencia contra niñas, niños y adolescentes” la organización describe cómo muchas de estas violencias están directamente relacionadas con dinámicas de género.
En la última Encuesta Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes por ejemplo, se encontró que el 59 % de los niños y niñas de entre 1 y 14 años ha vivido “prácticas violentas de crianza”: el 42 % experimentó castigo físico (incluyendo formas severas), y más del 51 % recibió agresión psicológica como gritos, amenazas o humillaciones. Estos datos muestran que, desde los primeros años, la infancia está expuesta a violencias que muchas veces se naturalizan dentro del hogar.
Además, UNICEF señala que más de 370 millones de niñas y mujeres en el mundo han sufrido violencias sexuales durante su infancia, lo que evidencia la magnitud global del problema y la urgencia de respuestas integrales.
Un dato sobresaliente es que hoy gran parte violencias se da en entornos digitales. Hemos hablado en estos informes varias veces sobre delitos como ciberacoso o grooming. La tecnología, útil para comunicarse, aprender y jugar, puede ser también un terreno fértil para los violentos y los acosadores.
Víctimas indirectas de los femicidios
Desde el punto de vista de la violencia letal, los femicidios siguen siendo una tragedia que afecta no solo a las mujeres que pierden la vida, sino también a sus hijas e hijos. Según datos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, entre 2017 y 2024 hubo al menos 1.685 niñas, niños y adolescentes que estaban al cuidado de víctimas directas de femicidio al momento de la muerte de su madre. Esta cifra ilumina una dimensión de la violencia de género que muchas veces no se ve: la huella emocional, social y protectora que deja en la infancia el asesinato de madres.
En el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las estadísticas también revelan urgencias. La Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) reporta que entre 2015 y 2023 hubo 115 femicidios en CABA, lo que representa el 61 % de los homicidios dolosos de mujeres en ese período.
Entre esas víctimas, un 4 % eran niñas o adolescentes menores de 18 años. Además, la UFEM indica que al menos 73 niños, niñas y adolescentes quedaron sin madre como consecuencia de esos crímenes durante ese lapso. Estas cifras muestran que incluso en una ciudad con fuertes recursos institucionales, la violencia de género extrema deja secuelas irreversibles en las vidas infantiles.
Por otra parte, las denuncias también expresan la magnitud del problema. Según datos recientes de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema, entre niñas, niños y adolescentes atendidos durante una jornada, el 93 % presentaba maltrato psicológico o emocional, el 38 % maltrato físico y el 11 % abuso sexual. La OVD funciona en forma permanente en CABA (Lavalle 1250) y cuenta con un equipo interdisciplinario de psicólogas, abogas y trabajadores sociales que evalúan riesgo, confeccionan actas y derivan los casos a la justicia.
Para denunciar estas violencias, existen varias líneas oficiales en Argentina: la Línea 144, gratuita y disponible las 24 horas, brinda atención, contención y asesoramiento legal a personas que atraviesan violencias por motivos de género.
En CABA, además, la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) recibe denuncias presenciales en su sede, y también se puede recurrir a la Línea 137 del Programa “Las Víctimas contra las Violencias”, especialmente en casos que involucran a niñas, niños y adolescentes.
En la Ciudad también hay una línea local: el 0800-666-8537 funciona las 24 horas para brindar orientación, contención y derivación en casos de violencia doméstica, delitos sexuales o maltrato infantil.
Estos datos e instrumentos institucionales refuerzan una conclusión esencial para FUNDAMIND: la violencia de género no es una cuestión que solo afecta a mujeres adultas, sino que incide en la vida de niñas, niños y adolescentes de múltiples formas. Cuando hablamos de erradicar la violencia de género, hablamos también de proteger los derechos de la primera infancia y de la adolescencia: su derecho a crecer libres de miedo, con afecto, con redes de apoyo y con justicia.
En este 25 de noviembre, FUNDAMIND reafirma su compromiso con la educación, la prevención y la incidencia para construir una sociedad más segura para todas las mujeres y para todas las infancias. No basta con visibilizar los femicidios: es necesario tejer redes institucionales, comunitarias y familiares para que las niñas y los niños encuentren protección, reparación y esperanza.

ACORRALADAS
La historia de una mujer y su hijita en riesgo social, maltratadas y abandonadas, solo asistidas por el CPI de FUNDAMIND.
Liz conoció al padre de su hijita de 2 años a través de una amiga con quien salía los fines de semana. Nos relata que durante el primer año tuvieron una relación divertida. Cuando Liz quedó embarazada le propuso a Matías ir a vivir juntos, ya que en la casa de la madre -con quien Liz vivía- se lo habían sugerido, porque pensaban que al tener un hijo se debe formar un hogar.
Matías aceptó, aunque opinaba que comprometerse con un alquiler les dificultaría mucho para sostener los gastos que implicaba mantener un niño. Nació la niña y –felizmente- lograron alquilar una habitación en una casa compartida en el que el ambiente era tranquilo.
Él continuó saliendo con sus amigos y ella lo permitía, porque con la niña era afectuoso y aportaba económicamente. Después que la niña cumplió el año, Matías comenzó a sentirse molesto por todo lo que hiciera Liz o la pequeña. Al principio, Liz trató de no responder cuando Matías le decía que ella hacía todo mal, que si no podía criar a la niña no sabía para qué había querido tenerla. La situación se hacía insostenible. La niña había empezado a llorar casi todo el tiempo.
Liz ya no soportaba que la niña llorara tanto y se dio que la llamaron del CPI de FUNDAMIND para decirle que la niña podía ingresar. En ese momento se sintió muy aliviada ya que al llevarla al CPI sabía que estaría protegida. Aunque la niña sólo estaba en el hogar después de las cinco de la tarde, Matías seguía manifestando su incomodidad y culpando a Liz cada vez que la hijita lloraba.
Luego comenzó a molestarle el tener que comprar los pañales y la ropa de la niña, porque con lo que Liz ganaba sólo lograban pagar el alquiler y los gastos fijos. Esta situación se quebró hace seis meses. Liz no soportó el maltrato y la angustia que iba manifestando su pequeña.
Pidió volver a la casa de su madre, quién comparte la vivienda con su padrastro. La aceptaron, pero a los cinco meses las tensiones entre los adultos se incrementaron y la niña volvía a llorar y le costaba comer. En FUNDAMIND se lo señalaron y le sugirieron que hiciera una consulta psicológica para fortalecerse y ver si con algún cambio de actitud podía lograr que su madre y el padrastro no hicieran hacerle sentir que en esa casa ella y su hijita estaban demás.
Trabajando en limpieza y haciendo todo el esfuerzo posible Liz podía aportar para los gastos en la casa de su madre. Sucedió que su hijita se enfermó y ya no pudo asistir a trabajar. Llamó al padre de la niña solicitándole ayuda. Fue una vez a ver a la niña, le dio un dinero y le aclaró que no quería que lo molestara más, ya que al final ni sabía si él era el padre de la niña.
Liz se sentía acorralada. Parecía que, con la nena, molestaba en todos lados. Al no trabajar porque la niña estaba enferma, no podía aportar para los gastos en la casa de su madre. La Trabajadora Social de FUNDAMIND la orientó y pudo recurrir a un CENTRO INTEGRAL DE LA MUJER que se especializa en violencia y de esa manera inició demanda por alimentos al padre de su hija y logró asistencia psicológica.
Al mejorar la salud de su hijita, Liz se tranquilizó pero no encontraba salida. Pidió trabajo por todos lados y a cuanta persona conocía. Hasta que –ya sin saber qué hacer– aceptó trabajar en un quiosco a cambio de ocupar la pequeña habitación que el dueño tiene en el mismo lugar.
Así es como trabaja y el pago que recibe es la vivienda para ella y su niña, quien–según le señalan en el CPI– sigue angustiada. Liz nos dice: -“Por el momento FUNDAMIND me ayuda con la comida y estoy muy agradecida, pero en vacaciones tengo que ver cómo voy a hacer para conseguir algún trabajo adicional, porque -aunque ojalá pudiera tramitar el subsidio habitacional que me indicó la Trabajadora Social- tengo que pensar en todo lo que necesita la nena y la comida para ambas para seguir viviendo.”